El noroeste peruano toma impulso como eje estratégico de la industria petrolera
- El noroeste del Perú —históricamente base de la actividad hidrocarburífera del país— muestra signos de una renovación significativa que podría reforzar su rol dentro de la matriz energética nacional. Esta región, que alberga instalaciones como la Nueva Refinería de Talara, combina infraestructura consolidada, recursos todavía poco aprovechados y nuevas tecnologías para potenciar una transición energética más competitiva y sostenible.
Especialistas coinciden en que este dinamismo no solo revive el legado petrolero del noroeste, sino que también abre oportunidades para articular hidrocarburos, gas natural y energías renovables en un esquema integrado que atienda las exigencias del mercado actual y futuro.
Balance de producción e inversión
Según cifras del sector, entre 1993 y 2024 la región generó unos 386 millones de barriles de petróleo, con inversiones que rondan los 5,000 millones de dólares. En 2024, la producción local alcanzó 22,293 barriles diarios de crudo, 601 barriles de líquidos de gas natural y 58 millones de pies cúbicos de gas natural por día.
Aunque la producción actual es aproximadamente un tercio de lo que se extraía hace dos décadas, expertos resaltan que las reservas probadas y probables —estimadas en decenas de millones de barriles y cientos de BCF de gas— representan una base sólida para nuevos proyectos de desarrollo y exploración.
Los recursos substanciales del subsuelo son complementados por más de 17,500 pozos perforados, muchos de ellos aún con potencial de producción.
Mirada hacia el futuro
El interés en revitalizar la producción en el noroeste va acompañado de expectativas de inversión y exploración en los próximos años. Proyecciones técnicas señalan que, en la próxima década, se podrían perforar miles de nuevos pozos de desarrollo, exploración y reacondicionamiento, con inversiones significativas destinadas a reactivar campos maduros y descubrir nuevos reservorios.
Este impulso se da en un contexto global donde la seguridad energética y la diversificación de fuentes se vuelven prioridades, y el noroeste peruano aparece posicionado para aportar de manera relevante tanto al abastecimiento interno como a la competitividad energética del país.
